sábado, 20 de agosto de 2016

Rodolfo Bútori: gran DT y lanzador de bala

Bútori, abranzando a sus muchachos en Alberdi

Por Pablo Iván

Las fotos antiguas nos permiten evidenciar los cambios que se produjeron en el fútbol argentino a lo largo del tiempo. Ya en los ‘30, comienzan a verse las gradas con la presencia masiva de un nuevo actor: el hincha. Pero hacia adentro del campo de juego, las variantes también ocurren. En el caso de Belgrano, llama la atención la aparición de un hombre alto, robusto y calvo, mezclado entre los jugadores. Se trata de Rodolfo Bútori; probablemente el primer DT formal que tuvo el Celeste. 

Y esta es otra diferencia con el amateurismo, donde a veces se observa a la alineación acompañada de algún dirigente, pero no existía un encargado estable en la dirección técnica, tal como lo conocemos en la actualidad.

El “Gordo” Bútori dirigió al CAB durante seis temporadas, entre 1936 y 1941. Fue partícipe de la gran gira por Bolivia y, bajo su conducción, la “B” consiguió los títulos 1936, 1937, 1941, y los torneos Preparación 1936 y 1941. Su tarea incluyó además la preparación física de los planteles.

Bútori, de boina, posando con el equipo.

Es la euforia de los JJOO de Río lo que nos lleva a recordar su figura dado que, además de entrenador, fue un descadísimo y prolífico atleta cordobés.
Con 1,88 metros de altura y más de cien kilos en el lomo, Bútori fue basquetbolista y boxeador, siendo campeón provincial en este último. Después de colgar los guantes, se dedicó a la educación física. Pero a sus principales logros los obtuvo en atletismo, siendo su especialidad el lanzamiento de bala.

Se estima que la incorporación del Atletismo en Belgrano se dio en 1935, fecha en que se adquirieron los primeros aparatos para entrenar y se afilió a la Federación Cordobesa. Y en 1939, el Pirata fue patrocinador de la carrera de Bútori; año en que tuvo su página más gloriosa, tras convertirse en el primer atleta de Sudamérica en superar la marca de los 14 metros.

Anécdota bien narrada por Cristian Moreschi, en su libro “Camino de la historia”:
“La Confederación Atlética Argentina había partido hacia Perú al Torneo Sudamericano en Lima. Debido a una maniobra desleal de los dirigentes porteños, la comunicación para integrar la delegación le llegó tarde.
¡No había en América latina otro deportista que lanzara la bala como él, y Argentina se daba el lujo de no llevarlo! Entre la bronca y la impotencia envió una carta a Buenos Aires en la que informaba que el 18 de mayo, el mismo día en que iniciaban las pruebas en Perú, en la cancha de Talleres, intentaría batir su propio récord.

Fue en el entretiempo del partido entre Talleres y Universitario en que el maestro Bútori entró a la cancha con un paquete envuelto en papel de diario, lo dejó a un costado, por los parlantes se anunció que iba a intentar superar su marca de 14,70 m. La prueba la fiscalizaba la Federación Cordobesa de Atletismo. Luego de dos intentos fallidos, en el tercero arrojó la bala con todas sus fuerzas. Después de la medición, el locutor anunció a viva voz que Rodolfo Bútori había batido su propio récord: ¡14,90 metros!

Bútori corrió hacia el paquete misterioso, lo abrió y desplegó una bandera argentina que comenzó a agitar con fuerza. Envuelto en los colores de la patria y con el público ovacionándolo de pie, el maestro le había ganado a la injusticia.
Al día siguiente se enteraron de que, en Perú, el mejor argentino había clasificado cuarto y ni siquiera había superado los 14 metros”.

Bútori lanzando la bala (1939).


La trayectoria como DT de Bútori continuó en Talleres, Instituto, Racing, Juniors y Universitario. Siempre con una enorme vocación por incluir a niños y jóvenes al mundo del deporte. Nació en Córdoba un 5 de noviembre de 1907 y falleció de un paro cardíaco el 24 de octubre de 1965, en Alta Gracia. En esa localidad, una plaza lleva con orgullo su nombre.

Fuentes: Memoria y Balance CAB 1939, Enciclopedia Viejo y Glorioso Belgrano,  libro “Camino de la historia”.

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sábado, 13 de agosto de 2016

Belgrano, la verdad que nos une

Juan Sachetto, su tatuaje y su texto conmovedor

Una  vez, creo que allá por el 2005, en los días previos a nuestro inolvidable centenario, lo escuché al Turco Whebe referirse a Belgrano de una manera que me dejó embobado. El tipo, con la misma voz con la que se hartó de gritar hazañas piratas, dijo algo así como:

Ahí está Belgrano. Siendo una barricada permanente, con el mismo sonido de toda la vida… el de los bombos que retumban en las paredes del barrio. El que servía de música a los reclamos populares. Y de última… Belgrano ha sido siempre un reclamo popular.
Una bandera de lucha… una rebelde forma de mojarle la oreja a los poderosos.

Fa. Sacala.
Ahí está Belgrano. Y ahí va a estar toda la vida, mirando al mundo desde el populoso Barrio Alberdi.  Y agarrate hermano, porque desde Alberdi el mundo se ve distinto.
Que cómo se ve? Se ve nada más y nada menos que con la verdad.
Belgrano es Alberdi y Alberdi es, como dice la pintada en un pasaje muy cercano al Hospital  de Clínicas, el primer territorio libre de América.  Pedazo de título, el que la historia nos supo dar. Sí señor, pedazo de chapa la de nuestro barrio, incuestionablemente ganada en las callecitas por donde rodaban miles y miles de bolitas de rulemanes, para hacer caer ingeniosamente  a los caballos de la policía mientras el grito del pueblo, digno, estudiantil y obrero, se hacía escuchar, avanzando con un “Paso, paso, paso, se viene el Cordobazo”.
“La capital nacional de la barricada”, de prepo y de yapa, deberían nombrar al Barrio Alberdi de la Ciudad de Córdoba en el Congreso de la Nación. O ¨Banda de sonido oficial de los reclamos populares¨, a la inigualable hinchada de Belgrano.


Una vez un viejo sabio, de barba blanca y traje tanguero, dijo que estás en libertad, y siempre en libertad, únicamente cuando creés en tu canción.
Y yo, tanto como a ese viejo cuando lo escucho, le creo al pirata que tengo al lado en la popular cuando deja la garganta en un “yo siempre te voy a alentaaaaar, te lo juro por Dios”.  Más vale que te creo, hermano.  No hace falta que me lo jures, ni por el Diego ni por nadie. Cómo no te voy a creer si la estrofa te sale del alma y se te nota en el brillo de los ojos. Tu verdad, que también es mi verdad y la de 20.000 tipos por sábado,  se siente en tu puño cerrado que apunta al campo de juego, para que los jugadores entiendan que la promesa va muy en serio, dándole tonada cordobesa, color celeste y sentido humano a la palabra ¨incondicional¨.
Yo te creo porque el grito en Alberdi es un grito lleno de ilusión, de fantasía, pero también de realidad. Es un grito libre de soberbia injustificada, libre de engaño a uno mismo. El grito de Belgrano es un grito libre, carajo.
Tan libre como el laburante que con un hachazo (y un parche) en su ojo, pero con una flor en su ojal, le muestra al poderoso que se puede ser feliz, inmensamente feliz, con sólo asumirse y valorarse. Porque nosotros sabemos lo que somos. Y saben qué?  nos encanta lo que somos. Ni más ni menos. Por eso no nos hace falta mentirnos, porque somos libres.

Y porque deliramos, sufrimos, nos abrazamos y lloramos, desde siempre, en el barrio donde sopla el viento de la libertad, yo le creo a cualquier grito que se escuche en Alberdi. Le creo a Belgrano. Le creo a la hinchada y le creo a mi canción. La que me cantó mi viejo cuando yo no sabía ni hablar y la que le canto todos los días a mi hija, que ya sabe decir “mamá”, “papá” y “Belgrano”.
Yo le creo a esa canción que se me aparece cualquier día de la semana, a las 3 de la mañana, en medio de un sueño y me hace pedirle a Belgrano que el sábado, o cuando mierda juegue, no me sea indiferente. Que ponga huevo y vaya al frente, porque siempre, pero siempre y a pesar de todo, va a tener el aliento de su gente.

Cuando voy a Alberdi, siempre temprano para que la cancha dure más, me siento en algún escalón, levanto la cabeza y le creo a las tribunas. Escucho a algún amigo decir que “ya sé que regalamos una ronda, pero si hoy ganamos nos prendemos”, y saben qué? Le creo.
Entonces el alambrado se empieza a llenar de trapos celestes, con frases a las que les creo una y mil veces. Loca pasión, sos vos Belgrano. Sos la locura que no tiene cura. Sos el rocanrol de Muller y del país.

Yo no tengo dudas. Desde que razono, tengo acá en el pecho la convicción y la certeza de que Alberdi es el primer territorio libre de América y Belgrano es la verdad que nos une, para darle fuerzas a nuestro corazón. Ahí adonde la mentira no tiene lugar, adonde el chamuyo no entra.
Por eso hermano, creeme vos a mí: mucho antes de lo que muchos se imaginan, se nos va a dar y vamos a volver a mojarle la oreja a los poderosos.  Vos por lo pronto no te borrés, que te necesitamos. Porque a la bandera de la lucha la tenemos que seguir levantando entre todos.


Publicado originalmente en Escritos al primer amor: Belgrano, Alberdi y su gente.

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martes, 9 de agosto de 2016

El verdugo de los clásicos

De todos los jugadores que vistieron la camiseta de Belgrano, uno de ellos ostenta un récord especial; el de goleador en clásicos frente a Talleres. Se trata de Roberto Luque, un verdadero verdugo celeste para con los albiazules.

Luque (La Francia 1914-Córdoba 1967) figura en la cima con la marca de 23 goles ante el eterno rival, 17 convertidos de manera oficial y 6 en cotejos amistosos. Sus tantos se reparten de la siguiente manera:
Es muy probable que sus conversiones más celebradas fueran las dos que le dieron al Pirata el título oficial 1935, en la final ganada 3 a 2 al CAT. O su doblete en la goleada 6 a 1 en 1937.

En su trayectoria, jugó 136 partidos entre 1935 y 1942, conquistando 121 goles. Fue campeón del Preparación 1936 y de los Oficiales 1935, 1936, 1937, 1940 y 1941. 
Curiosamente en 1938 fue el máximo artillero de Córdoba, con 30 tantos en 19 partidos; sin embargo, a pesar de su temible poder ofensivo, la “B” no logró ningún título ese año. 
En la foto con que cerramos la nota, Luque posa junto al presidente de la Institución, Dr. Runulfo González, y el arquero Manuel Hagypantelli (1938). Fue en ocasión de recibir un premio por parte de una empresa de materiales de construcción: Luque por “pichichi” y Hagypantelli por valla menos vencida. 


De la mano de la gestión de González, Belgrano concretó un hito para la historia del fútbol cordobés, tras efectuar la gira internacional por Bolivia (1938); convirtiéndose en el primer Club de la provincia en jugar fuera del país. Periplo que desarollaremos en otra oportunidad. 
De hecho, en esa república sudamericana terminaría su carrera el gran Roberto Luque,  a quien recordamos hoy en el blog A lo Belgrano.


Fuente: Enciclopedia Viejo y Glorioso Belgrano (G. Farías); NumeroSidades (M. Coccolo); Memoria y Balance CAB 1938.


domingo, 10 de julio de 2016

Gustavo Roca: alma revolucionaria y pirata

por Pablo Iván


“-¡Porteño fascista!
Palabras habituales de Gustavo Roca en el estadio del Club Atlético Belgrano, destinadas al árbitro del partido y reemplazando el grito habitual de ¡porteño culiado! que los hinchas de los equipos cordobeses dedican a los referees de Buenos Aires”.

Estas palabras dan comienzo al libro La ley de la revolución, una biografía política de Gustavo Roca. En él su autor, el periodista Juan Cruz Taborda Varela, nos comparte la historia de una personalidad tan fundamental como olvidada de la política de Córdoba, Argentina y Latinoamérica.

Amigo del Che Guevara, Fidel Castro, el Gringo Tosco, Atilio López, Pablo Neruda, John William Cooke, Salvador Allende, Rafael Alberti, Julio Cortázar, en otros. Gustavo Roca, hijo de Deodoro, fue un militante de izquierda, dirigente estudiantil y abogado defensor de presos políticos, desde la época del primer peronismo hasta su forzado exilio en 1976. De hecho, fuera del país, fue uno de los primeros argentinos en denunciar públicamente el terrorismo de Estado, razón que le valió ser procesado como “traidor a la Patria”.

“Durante años, en Córdoba y en todas partes, he defendido sin vacilaciones y con firmeza, por centenas, a hombres y mujeres perseguidos por sus ideas o acciones políticas y he dedicado, a menudo sin recompensa, gran parte de mis esfuerzos profesionales a la defensa de las libertades públicas, los derechos humanos y los represaliados políticos y sociales del más variado y diverso signo político” Pag. 82



Un hombre complejo y multifacético, abordado por Taborda Varela a través de documentos, diarios, libros y entrevistas a allegados. Entre sus páginas, el libro deja entrever la admiración del escritor por el personaje, como quien comparte el ideal por una sociedad más libre, justa e igualitaria.

Pero, además, pone de manifiesto lo que ambos tienen en común: la pasión por el CAB. A lo largo de los capítulos, aparece descripta la imagen del Gustavo Roca pirata, amante del fútbol y del color celeste. Quien no sólo fue hincha, también jugó de niño en Belgrano y, durante la década del ’70, fue representante del club en la Liga Cordobesa.
En este posteo compartimos algunos fragmentos que definen esta faceta.

La anécdota liga a Gustavo con Juan Martín Guevara, el hermano menor del Che. Tras sacarlo de la cárcel en 1974 (perseguido por Perón y la joven Triple A), ese mismo día Roca eligió como celebración llevarlo al Gigante de Alberdi.

“Gustavo era hincha fanático del fútbol. Fuimos a ver Belgrano-Instituto. Yo miraba el partido, pero él miraba a su equipo, a su cuadro, estaba a las reputeadas. Lo había conocido como un abogado formal, pero ese día se transformó. Fuimos a la platea de Belgrano, donde estaban sus amigos del fútbol. Fue pasar de estar en su casa en el Cerro de las Rosas al fútbol a las puteadas con el referí. Lo que puede el fútbol, pensaba yo. Se desabrochó la corbata y empezó. Gustavo era un tipo muy apasionado. Y era también muy preparado, inteligente, muy ubicado”. 193-4

O, más adelante, la descripción que hace de él su propio hijo:
“El Dr. Roca iba a la cancha de Belgrano. Y llevaba una bolsa de mandarinas para tirarle al lineman simplemente porque era lineman. Les tiraba mandarinas que se las hacía comprar al Negro (Dante) Palacios. Se peleaba, iba a la popular, Los Piratas eran sus amigos, eran los guasos que lavaban o cuidaban autos en la calle, otros que habían sido amigos de la infancia, y seguía siendo amigos de todos mientras a la vez tenía contactos con los gobernantes”.



Al volver a Argentina, en 1983, Roca debió enfrentar los juicios abiertos en su contra, aún en democracia. Benjamín Menéndez lo acusó de aristócrata marxista. “Profesar, pues “ideas marxistas”, no importa delito ni pecado, tampoco es un estigma. El marxismo no es un dogma ni un artículo de fe y ser marxista no comporta ni crédito ni descrédito. Sólo significa compartir un determinado pensamiento histórico político y una concreta filosófica que no son en sí ni por sí condenables o execrables”, respondió Roca ante el tribunal, antes de quedar absuelto.

Si bien los juicios se cerraron, las heridas abiertas jamás. Roca vivió sus últimos años en el exilio interno, ante una Córdoba que ya no era la misma de los años combativos, donde nadie parecía estar dispuesto a tenderle una mano ni un trabajo, justamente a quien se pasó la vida poniendo el cuerpo por propios y extraños.

Supo decir Borges: “De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación”.

Y esa fantasía está presente en La ley de la revolución, que echa luz para rescatar a una figura imprescindible para los que sueñan un mundo mejor. Producto de la imaginación, que trae la propia lectura, imagino aquello que no ha sido escrito en sus más de 300 páginas. ¿Cuánto habrá extrañado Gustavo ir a la cancha, cada domingo, en la lejana Madrid? ¿Habrá disfrutado con el juego de la Chacha Villagra, al regreso? ¿Estuvo presente en el inolvidable ascenso de 1991, con el chateau repleto, meses antes de su fallecimiento? ¿Habrá llorado de emoción consumado aquel partido?


Gustavo Roca, el hijo de Deodoro, nació de una familia tradicional de Córdoba. Tuvo dinero, formación universitaria y cientos de contactos para llevar una vida cómoda y confortable. Pero murió pobre, en el mayor ostracismo, al igual que Don Manuel, el creador de la bandera, el prócer que adoptamos como nombre. Dando su vida al servicio del Pueblo y a la defensa de sus valores e ideales.

Hizo de la lucha una forma de encarar la vida. Vivió y murió dejándolo todo, con dignidad, pasión y entrega: A lo Belgrano.       



lunes, 30 de mayo de 2016

La cábala de los Cuellar

“Él rezaba una oración antes de entrar al campo de juego. Pero nunca me dijo cuál era”.

Por Pablo Iván

Se suele decir, con buen tino, que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. Aunque lo más acertado es decir “al lado” y no “detrás”.

Tuve la suerte de conocer hace unos meses a Susana, la esposa de Tomás Rodolfo Cuellar. Junto a su hija menor, Soledad, pasamos una tarde de mates hablando sobre “Tito”.

Cuellar, un apasionado del fútbol y del Celeste, no permitía que su familia fuera al estadio a verlo jugar; siempre prefirió mantener a los suyos fuera del ambiente. Sin embargo, su forma de vivir fue suficiente para contagiarles una enorme pasión por la “B”.

Los futboleros, además de goles, triunfos y derrotas, alimentamos nuestros mitos y hazañas mediante cábalas. Cientos y miles que funcionan o fracasan en simultáneo, mientras compiten los colores que tanto amamos.

Los Cuellar tuvieron una muy efectiva: cuando Tito dirigía al equipo que se consagró campeón del Regional de 1986, se aferraron a ella con la ilusión de alcanzar el título. Una cábala gastronómica, en este caso, que se repitió durante los 40 partidos en que el Pirata se mantuvo invicto con Cuellar como DT.

“Cuando tocara, de día o de noche, a la hora del partido, con la radio puesta, se comía costeletas con papas fritas en el patio, porque nos traía buenos resultados. Llegó el invierno, las lluvias, y nosotros seguíamos comiendo afuera, debajo del toldo. Cuarenta domingos seguidos comimos lo mismo.”

Tras escuchar el entrañable testimonio, sumido en nostalgia y emoción, se me ocurrió al instante comentar entre risas: - Menos mal que tocó un menú sabroso en la suerte, y no mondongo...

¿Sabés las veces que me fui caminando, de promesa, para que Belgrano ganara? ¡Hasta subí de rodillas las escaleras de la Iglesia Santo Domingo, hasta la cofradía de la Virgen de los milagros! Las cosas que he hecho por Belgrano… Ni yo ni mis hijos aparecíamos por la cancha, porque mi marido no quería… pero hacíamos todo por Belgrano”.

HACÍAMOS TODO POR BELGRANO. 
Qué hermosa frase con que Susana termina de contar esta historia.



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jueves, 26 de mayo de 2016

Villagra, el fútbol y la historia

                                                                                                    
                                                                                         Por Gringo Ramia

Primer tiempo

Dicen que a la historia la escriben siempre los que ganan. Creo que en realidad es al revés: ganan los que escriben la historia, los dueños del lápiz con punta. Julio César Villagra nunca imaginó que estaría escribiendo sin papel, carbón puro, un par de botines, una camiseta, la memoria de miles de personas. Él solamente jugaba al fútbol.

En este inventado país la lucha ha sido, y lo sigue siendo, la imposición de la memoria; la selección, recorte, y repetición del pasado, en todos los ámbitos. Así fue que leímos, y aprendimos como pudimos, en los 14 pizarrones de nuestra escolaridad que San Martín cruzó los Andes en su Caballo Blanco, que Sarmiento fue el primer maestro, que el Cabildo y los pastelitos para las negras sin dientes, todo para recortar en la Billiken. Ahí están los héroes que le van a dar sentido a esta gran Nación, en cada calle céntrica del país. Y están las guerras, los grandes acontecimientos y los feriados. Y los dinosaurios, las pirámides de Egipto, Roma, el descubrimiento de América, la Revolución Industrial y el hombre en la luna. Eso es la historia, un montón de frases, titulares del que rara vez se aprende el cuerpo de los hechos. 

¿Y nosotros? ¿Qué hacemos los que no somos héroes, los que no vamos a cruzar los andes, los que no vamos a liberar a ningún pueblo? Vivimos, hablamos y cantamos nuestra historia. Y otros, muy queridos, hacen jueguitos, patean una pelota y nos hacen vivir, hablar y cantar otra historia a miles. No hay feriados para los comunes, menos para los jugadores de fútbol. Algunos viven en la memoria oral del pueblo y cada tanto es necesario escribirlo. 

La Chacha

Julio César Villagra. Nombre de emperador. El guaso era tan tímido que no hubiera podido jamás estar al frente del imperio romano. Le decían la Chacha, jugaba generalmente por la banda derecha, dejaba a los defensores rivales pidiendo el diario y enloquecía a la hinchada pirata. Atacar pueblos indefensos es de cobardes. Encarar a un defensor en una cancha visitante no es para cualquiera.

Llegó a Belgrano en 1982, más o menos en la época en que a Galtieri se le ocurrió recuperar las Malvinas. Venía con su amigo Mario Luna, que le insistió en que lo acompañara a probarse. Belgrano estaba en la lona. Villagra, un negro de Villa Libertador, flaquito, ruludo y con cubana, como eran los cordobeses de antes, se hartó de desbordar y tirar el centro, desbordar y enganchar para adentro, picar sin que nadie lo alcance, frenar y seguir. El Pucho Arraigada, que andaba probando jugadores no dudó en aceptarlo. Una pequeña crónica periodística dice que el 18 de julio de 1982 la Chacha debutó contra Alianza San Martín (una fusión entre Argentino Peñarol y Huracán) en la cancha de Huracán de Barrio La France. Ganaba Alianza. Empató Belgrano. Último minuto del partido, gol de Villagra. La tribuna delira. La historia, agradecida.


Lo que no se dice

Aquí conviene pisar  la pelota. Sentir que  todos pasan un poquito de largo. Girar, observar el panorama, cambiar de frente. Como dije anteriormente, la historia es un territorio de disputas y en el fútbol también pasa lo mismo. Alguien escribió su historia y dijo esto sí, esto no.

Todo comenzó a finales del siglo XIX cuando a algún inglés se le ocurrió bautizar con la palabra “foot-ball” a ese juego que consistía en trasladar un objeto redondo con los pies y empujarlo hasta el lugar donde había dos postes y un travesaño. La fecha coincide con la invención de casi todos los deportes modernos. ¿Qué es lo que diferencia a un juego de un deporte? Me gusta lo que dice Sasturain “el deporte nace de la suma del juego más la competencia. Algunos nacen como juego puro, otros, como competencia pura. Desde caminar sin pisar los límites de las baldosas a embocar papeles en el cesto o escribir con pis sobre el patio de tierra. El juego libre es espontaneidad no sujeta a reglas; y con las reglas –aunque sean mínimas- nace la competencia”.

Al principio no había muchas diferencias con el rugby ya que ambos deportes consistían en trasladar un balón hasta un punto determinado. La prohibición de utilizar las manos en el fútbol fue el quiebre definitivo entre ambas disciplinas. Así, mientras se jugaba y practicaba, se iban definiendo los lineamientos principales de este nuevo y apasionante deporte. Los ingleses inventaron casi todas las reglas. Y las escribieron. Y así comienza parte de esta historia.
Para esa época los ingleses dominaban el comercio mundial. En cada barco cargado con mercadería con la cual someterían a los pueblos, viajaba una pelota. Cayeron a Argentina. Jugaron entre ellos; se hablaba en inglés en los partidos. “Los ingleses locos”, decían los paisanos. Pero los de acá se enamoraron rápido. Y empezaron a jugar. Argentina era un cocoliche de inmigrantes, de nacionalidades, de lenguas y costumbres. El fútbol, por la economía de su práctica permitió igualar a todos, integrar a miles de tipos que vivían en el país y no votaban, no decidían, no nada. Me animo a decir que el fútbol fue de lo más democrático de la época.

Pibes de 14, 15 años armaban equipos. No conocían las reglas pero lo jugaban. Los ingleses armaron una liga, jugaban entre ellos. Se empezaron a fundar clubes de fútbol por todos lados, en todo el país. Los trenes llevaban ese extraño y loco juego: patear una pelota desde la punta de esta pampa hasta el horizonte aquel.  Amateurismo puro. Jugar por jugar. Después hubo gente, tribunas, estadios, masividad, pueblo, plata y más plata. Entonces, el profesionalismo. Frenar. Cambiar de frente, volver la pelota atrás. 

En cada provincia del país se crearon ligas, Córdoba creó la suya, Santiago del Estero, Tucumán, Mendoza. Buenos Aires también, le llamaron Primera División y todos sus clubes estaban directamente afiliados a la AFA. El resto del país no. Eventualmente, campeonatos Nacionales mediante y luego, con la reestructuración de los años 80, los clubes del interior comenzaron a acceder a la liga porteña, la A.

Belgrano, Talleres, Instituto y Racing fueron los clubes más ganadores de la liga cordobesa. Hubo campeones,  goles, jugadores, árbitros, hinchas, festejos, amores y dolores, hubo fútbol, hubo vida. Pero algo pasó y en un momento toda una historia dejó de importar.

A mediados de los 80 Talleres, Instituto y Racing, escritorio mediante, abandonaron la liga, se fueron a Primera y quedó Belgrano, corriendo para cualquier lado, hecho mierda. Y en el peor momento en la historia del club aparece Villagra, soldando estos pedazos de historia.


Tiempo recuperado

Villagra jugó entre 1982 y 1991. Vivió, lo que dicen los que la vivieron, la “década romántica”. Fue, realmente, una etapa durísima pero hasta el sufrimiento se extraña cuando ya no está. Las vivió todas: Liga Cordobesa, Provincial, Regional, Nacional B y 45 minutos en Primera, ante River. En “reconocimiento a su trayectoria”, los dirigentes le dieron el pase libre. Se lo sacaron de encima, lo mataron, le quitaron la vida mucho antes. ¿Qué hace un jugador cuando ya no puede jugar? Villagra hizo hasta tercer grado del primario, no sabía hacer ecuaciones, ni conocía de diptongos ni geografía, ni de ciencias naturales ni nombres de capitales de Europa ni de historia. Villagra jugaba al fútbol, hacía historia, pero todavía no lo sabía.

El 13 de septiembre de 1993, con 30 años de edad, la Chacha fue a una plaza, se sentó en uno de los bancos y se pegó un tiro. Murió dos días después. Se terminó su vida y empezó su historia. La idolatría creció. Los que lo vieron jugar desde la tribuna, los que lo conocieron envuelto en su timidez, los que pudieron sacarse una foto, todos comenzaron a tejer un recuerdo, armar un relato. No hay casi imágenes de él: un par de centros, dos o tres goles, un par de minutos de video para una década. Ni siquiera aparece en Wikipedia. Villagra es una historia oral, como el fútbol todo, contada de generación en generación. Las jugadas se agradan, los dolores se achican, la memoria elige.

A los pocos meses, Chichí Ledesma, el mismo presidente que lo había dejado libre, decide nombrar a la cancha de Belgrano Julio César Villagra. No hubo ninguna documentación oficial, no hubo acta, no hubo cartel, placa, nada. Todos siguieron diciéndole el Gigante, el periodismo, los hinchas. Veintidos años después se hizo justicia: los propios hinchas pintaron un cartel con la inscripción de su nombre, con la presencia de su leyenda, para nombrar a las cosas por su nombre.


No pude ver jugar a la Chacha pero el fútbol permite incluirte en el pasado, hablar de un nosotros. Soy un común, uno de los que nunca gana  e incapaz de gambetear, hacer más de diez jueguitos, soy uno más. Escribir sobre él, recuperar las emotividades, es hacer otra historia, desafiar los discursos gritones, dar vuelta el partido y ejercitar la memoria. 


jueves, 14 de abril de 2016

La ginebra pirata

Anécdota ideal para la sección “Curiosidades” del blog. 

El intendente del Club A. Belgrano, Luis Albarracín, nos cuenta el gran hallazgo encontrado debajo de la tribuna Hualfin. Una botella de ginebra Llave (ya sin etiqueta) que permaneció oculta durante más de 20 años abajo de las gradas.
Siempre supimos en Alberdi que debajo de los escalones se contrabandeaban bebidas espirituosas. Incluso, muchas veces aparecían decomisadas por la fuerza policial. Esa, y otras razones de seguridad en los estadios, obligaron en los '90 a tapar con ladrillo los costados de la tribuna.

Dos décadas más tarde, al derribar la pared, apareció esta reliquia pirata; digna de colocar en la vitrina del patrimonio popular.



lunes, 4 de abril de 2016

Pereyra y Spallina: goles son canciones



Es mucho más reciente y difundido el caso de Pereyra, viralizado en las redes sociales, cuando en el 2014 actúo en la 13ra. Edición del Conquín Rock. Invitado por Micky Rodríguez (ex Los Piojos), juntos tocaron "Con mi flor", en el arranque del festival; tal como atestigua la foto.

"Me gustan muchas bandas, pero lo mío es sólo un hobby. Mis favoritos son Ciro y Las Pastillas" “Es todo muy raro, nunca me hubiera imaginado estar en una situación así. Poder subir al escenario ya es demasiado”, le expresó el Picante a los medios.


Y tiempo atrás, 2010, también aparecieron videos del delantero cantando. Como este que publicaron en revistabelgrano.com.ar, donde interpreta el tema "Lo más lindo", de Las Pastillas del Abuelo.



Del pasado, donde uno se informaba a través de las revistas, podemos rescatar también las dotes artísticas de Spallina. Ya habíamos publicado aquella foto donde, disfrazado del personaje, imitaba a Doña Jovita. En esta ocasión, en una nota de Sólo Fútbol de 1991, se destaca al “canta-gol cordobés”. 



De niño amaba cantar. De adolescente incursionó en la batería. Y ya de jugador, el Tano interpretaba los temas melódicos del grupo “Tropicalísimo Galaxia”, orquesta de cumbia, cuarteto y ritmo salsa. 
Después de los partidos que Belgrano jugaba en Córdoba, el futbolista aprovechaba para cantar con los muchachos. 


“Quiero aclarar que lo tomo como un hobby, que me gusta y tengo la posibilidad de hacerlo, pero sin percibir dinero alguno. El grupo está tratando de conseguir un patrocinante, por lo que se lo comenté al presidente Ledesma, quien además es representante de Sebastián. Pero aún no sé si tomó en serio lo que le comenté”, declaró en dicha nota.

En este video, vemos al Tano en su versión humorista, haciendo imitaciones de famosos en la fiesta "Pequeñas historias": 



Como se aprecia, Gustavo  Spallina y César  Pereyra tienen puntos en común. Ambos delanteros, vinculados a las camisetas número 7, aunque jugando por todo el frente de ataque. Los dos celestes y conquistadores de una cincuentena de goles (52 y 54) con la camiseta de Belgrano. 

Quizás no ocupan el podio de la primera línea de ídolos, pero sin dudas son jugadores que marcaron épocas de la historia del Club (en los 90 y 2000, respectivamente).  Y que por ello se han ganado el cariño, la ovación y el respeto incondicional de toda la hinchada. 
Pero, además de grandes goleadores, César Pereyra y Gustavo Spallina comparten una pasión en sus vidas: la música. 

Coincidencia que queríamos reflejar en el posteo del día de hoy.



domingo, 27 de marzo de 2016

El Tito y la Chiva: obreros dentro y fuera de la cancha

“El fútbol sigue siendo uno solo, aquí ya todo está descubierto, lo que pasa es que hay distintas modalidades”. Froilán Altamirano, 1986.

Cuellar y Altamirano, celebran un aniversario del Club.

Por Pablo Iván

Y sí, es evidente que el fútbol sigue siendo el mismo deporte de once contra once, dos arcos, una pelota, 90 minutos, un conjunto de reglas y un referí. Pero a la vez claro está que, más allá de eso, el mismo ha experimentado notables cambios a lo largo de su historia, desde que lo trajeron los ingleses.

En los inicios del siglo XX, llegó a Argentina con un espíritu amateur, practicado con fines recreativos, higiénicos y atléticos. Luego se produjo el nacimiento de los clubes, su consolidación como espacios sociales y el jugar “por la camiseta” durante unos 20 años. 

Después la aparición de los hinchas, la construcción de estadios y el denominado “marronismo”, cuando los dirigentes comenzaron a tentar a las “estrellas” con viáticos o puestos de trabajo, a cambio de más entrenamiento y mayor disciplina. Proceso que fue decantando en el surgimiento del profesionalismo, hacia 1932, y con ello los contratos, las transferencias de jugadores, el espectáculo y sus negocios.

En el caso de Córdoba, hubo grandes figuras que, además de jugar, trabajaron en otras funciones y lugares, al menos hasta entrados los años 70. Por citar sólo ejemplos en Belgrano: Miguel Laciar en el Banco Nación, Mingo Ceballe en la Universidad, el Negro Garay en el Registro Civil. Hoy nos explayaremos sobre dos casos de históricos referentes del Celeste: Tomás Rodolfo “El Tito" Cuellar y Froilán “La Chiva” Altamirano.

Altamirano planchando en el Clínicas.


La Chiva es un prócer indiscutido. Adentro de la cancha, lo definieron como “un patrón siendo obrero”. Jugó en todos los puestos en que le pidieron, con el overol siempre calzado para la causa Belgrano, desde 1959 y durante 13 temporadas.

Desde el comienzo, su vida fue la de alguien que "la lucha" de sol a sol. Según el libro “Acarreando Recuerdos” del Gordo Oviedo, su pase costó 50 bolsas de porlan. Eso, que hoy puede sonarle ridículo al lector, es lo que pidió este jugador para ponerse la celeste. Ello a razón de que se encontraba construyendo su humilde casa en Malagueño, casualmente donde están las cementeras de Córdoba.

En el '59 se vino a patear a Alberdi, donde le consiguieron un puesto en el Hospital Nacional de Clínicas, que le asegurara cada mes un sueldo fijo y digno. Allí permaneció durante casi tres décadas, llegando a ser jefe de sección y a cargo de la lavandería; hasta su inesperada muerte en 1987, cuando tenía apenas 50 años.

La Chiva en plena jornada.

En 1986, le declaró a la revista Los Celestes: “sigo levantándome todos los días a las 5 de la mañana. Laburo mucho, como se podrán dar cuenta, pero estoy bien, muy bien te diría. En el Clínicas acabo de cumplir 27 años de servicio, lo que es un gran honor para mí. Fijate que en ningún momento dejé este trabajo, incluso cuando entrenábamos duro con Belgrano, especialmente en la época de los Nacionales”.

Se sabe que el CAB, de la mano de los PF Díaz Otañez y Corvalán, marcó un cambio para el fútbol cordobés en 1968. Con ellos se empezó a hacer pretemporada y entrenamientos diarios, incluso doble turno. También fue novedosa la implementación de las “concentraciones” antes de los partidos, modificaciones que se corresponden más con la actual época.

Primero en la oficina. Después a entrenar.

Belgrano y Cuellar forman una simbiosis perpetua. Pero antes de incursionar en el fútbol, Tito jugaba al básquet en el Club Matienzo. Allí de hecho conoció a Susana, su esposa. A diferencia de la mayoría de los empleados, que entra a EPEC por vínculo familiar, Tito logró su ingreso a través del baloncesto, según cuenta Susana.

Allá por 1962, fecha en la que consiguió este empleo, a Cuellar lo pretendían para que jugara en Unión Eléctrica, del Sindicato de Luz y Fuerza. Así como la Chiva puso 50 bolsas de cemento como condición, Tito solicitó que le dieran un puesto de trabajo, y así se dio. Con ese equipo jugaría entre 1964 y 1966.  En lo laboral, sería jefe de División de Adjudicaciones.

En ese entonces, Cuellar ya estaba fichado por Belgrano, donde debutaría al año siguiente para hacer una carrera extraordinaria donde consiguió 12 títulos más uno como entrenador. Esta exitosa trayectoria no hubiese sido posible de no ser porque en EPEC siempre apoyaron a Tito, con licencias especiales para que éste pudiera viajar y defender la celeste por todo el país. Eso sí: los lunes tempranito, así estuviera molido por los moretones del partido, se levantaba e iba a laburar.

Tito marcando tarjeta a las 6:30 am.

Desde entonces, y hasta 1998 cuando aceptó el retiro voluntario, Cuellar cumplió con tareas administrativas en la empresa que provee electricidad.  Luego obtendría su jubilación en el 2001, de la que gozaría hasta el 2007, cuando a los 65 años perdió un cotejo clave ante la invencible muerte. En el camino queda la valiosa anécdota ya contada en los medios, cuando ayudó a Agustín Tosco a escapar del control militar; siempre al servicio de sus compañeros, de la lucha y de la dignidad.

Más allá de compartir planteles, La Chiva y el Tito fueron grandes amigos. Altamirano rememora en 1986: “Las concentraciones de aquel equipo eran fantásticas. Por ejemplo, recuerdo que siempre nos disfrazábamos con el Tito Cuellar de gaucho y de paisana, para bailar alguna cosa folclórica. Los demás se mataban de risa”.

Tal vez sea una anécdota impensada en los tiempos que corren; como así también que un futbolista, además de jugar al fútbol, dedique varias horas de su vida a otra actividad. En la actualidad, se entrena dos horas por día y los sueldos de los profesionales bastan como para “salvarse” para toda la existencia, tras el retiro. Y, salvo contadas excepciones, no realizan otro tipo de acciones como estudiar, trabajar o desarrollar algún hobby. Sin embargo, hasta no hace muchos años – en la generación de nuestros viejos-, eso era muy distinto y aquí lo reflejamos.

Cuellar y sus años de antigüedad 

Son tan sólo dos casos de trabajadores de aquella Córdoba obrera de los '60 y '70, que tuvieron mucho en común. Ambos resultaron ídolos eternos de Belgrano, con excelsas carreras en las que superaron los 300 partidos. Ambos fueron figuras entrañables de los grandes equipos del ’68 y el ’71. Los dos fueron directores técnicos de la "B". Nuestros vestuarios llevan sus nombres. Y ambos fueron hombres de familia y sacrificados laburantes, que dejaban todo por la camiseta, dentro y fuera de la cancha.

No en vano gracias a ellos nació el dicho “A  Lo Belgrano”. Sin ustedes, par de inolvidables, siquiera existiría el nombre de este blog. Por eso nos tomamos el trabajo, en este domingo de descanso, de dedicarles este merecido posteo. Son los mejores empleados, no del mes, ni del año; sepan, son los mejores desde 1905.



lunes, 21 de marzo de 2016

Chicha Libre en El Gigante


Se sabe que Belgrano es un club que, más allá de lo deportivo, está intrínsecamente ligado a lo artístico-cultural. Y que esta tradición está vinculada a la historia del barrio Alberdi y a su representación en el espacio cordobés.

En esta ocasión, compartimos un registro audiovisual, hallazgo surgido en una reciente charla de café con Cecilia Salguero. Se trata de un videoclip del tema “La Plata (en mi carrito de lata)" de la banda estadounidense Chicha Libre, que incluye escenas del estadio Julio César Villagra, conocido popularmente como El Gigante de Alberdi.

Chicha libre es una banda surgida en Brooklyn, liderada por Olivier Conan y cuyos músicos provienen de diversas partes del mundo. El nombre del grupo hace referencia a la chicha, un licor a base de maíz que se consume en América del Sur desde la época de los Incas. También es el nombre de un género musical peruano íntimamente ligado a la cumbia psicodélica que se hizo en Perú entre los años 60 y 70.
Chicha Libre actuó en el 2012 en Córdoba, precisamente en Casa Babylon, lugar que sobrevive en el Abasto desde hace más de 15 años,  y que nos trae a la ciudad una variedad impresionante de bandas indies del país y del extranjero.

En su paso por acá, la banda paró en una casa de nuestro barrio, justo una zona que se caracteriza por la multiculturalidad y donde reside una importante comunidad peruana. Allí, saliendo a caminar por sus calles, llegaron a Belgrano, como no podía ser de otra manera. Una vez adentro se coparon con la cancha y decidieron filmar escenas que luego serían incluidas en el videoclip que en este post compartimos.

¡Con ustedes Chicha Libre, en el primer territorio libre de América!



sábado, 19 de marzo de 2016

111 años de pasión



Hoy perdimos, pero ya nos vamos a levantar, ¿o no, Tito?
"Vos por lo pronto no me bajés los brazos,
porque a la bandera de la lucha
la tenemos que seguir levantando entre todos".
¡Dale Belgrano! ¡Felices 111 años!

miércoles, 9 de marzo de 2016

La final del '35: fiesta y boda en Alberdi

                                                                                   Por Pablo Iván

"Eran tiempos en que se desconocían los sistemas. Épocas del fútbol suelto y librado a la creación del jugador (...)  Años de fulgor en los cuales Belgrano y Talleres sentaban primacía sobre el resto. Definían campeonatos a granel y entre estas divisas clásicas se repartían los títulos(...) Entre los grandes acontecimientos que tuvieron como bandera a estas populares instituciones, hay uno que por su dramaticidad no se podrá olvidar. La final del año 1935". (Los Principios, 1968)

Tal como refiere la cita anterior, celestes y albiazules se enfrentaron numerosas veces para definir campeonatos, obteniendo a lo largo de la historia suertes dispares. En el caso del CAB, 11 de sus 58 títulos los obtuvo definiendo ante su máximo rival, uno incluido en la Boutique de B° Jardín (Enciclopedia Viejo y Glorioso Belgrano). 

En esta ocasión recuperamos la final de 1935, en la que Belgrano se consagró campeón del Oficial de LCF. Un certamen que parecía para Talleres hasta pocas semanas de finalizar y que se desvió para quedarse en las vitrinas de Alberdi. Tras empatar en la tabla de posiciones, el torneo se definió en un encuentro final.

El cotejo decisivo se iba a jugar el 17 de noviembre, pero a causa de una intensa lluvia se postergó para la semana siguiente, el domingo 24 en El Gigante. (Cambio de fecha que también influye en el destino de un resultado deportivo).

José E. Sosa (el novio)

El trámite que a continuación narraremos, tiene entre sus protagonistas destacados  a José Enrique Sosa, caudillo de la defensa pirata y capitán del equipo. Todo un referente de la década del ’30. Su incidencia ese día fue determinante, tanto en el juego como en su vida amorosa.

Las crónicas de la época dan cuenta que Belgrano arrancó dominando el primer tiempo. Sin embargo,  el visitante se puso en ventaja a los 37, con gol de Manzoli. Así se retiraron a los vestuarios. 

A los 13 del complemento, ocurrió una jugada clave en la vida de José E. Sosa y de nuestra Institución.  Un remate del delantero Manzoli dejó abatido al arquero Heredia. Era gol, en Arturo Orgaz al 500 o en la China. Allí apareció este defensor celeste, para atajar la pelota con la mano y así impedir el segundo tanto albiazul (a lo Turus vs. Instituto, en el 2008). 
Al referí no le quedó otra que cobrar penal.

La cosa se puso fulera. Hasta que un tal Castro, delantero de la “T”, se negó a patearlo. Pasaron los segundos, los players del rival dudaban. Finalmente tomó la responsabilidad un jugador llamado Dell’Acqua, que desde los 12 pasos la pateó a las nubes. Qué Alivio...
Foto de Enciclopedia Viejo y Glorioso Belgrano (Gustavo Farías)

Talleres se desmoralizó al instante, Belgrano fue a la carga barraca. El empate se veía venir, no podía tardar. El 1 a 1 llegó a los 29, por intermedio de Luque. Y tres minutos después, el mismo goleador embocó el 2 a 1 a favor de la “B”.  Parecía todo terminado, pero otra vez apareció Manzoli y colocó el 2 a 2 con que concluyó el tiempo reglamentario. 

Se jugaron 30 minutos de suplementario. Los guasos estaban extenuados. Daniel Viller la llevó por la derecha a lo guapo, con lo poco que le quedaba de aliento. Eludió a Ortiz y a Bertolino, enfrentó al arquero Albano y sacó un zapatazo con alma y vida que infló la red. ¡GOOOOOOL!, se vino el estadio abajo. 3 a 2 y una nueva vuelta olímpica.

           Albano, el arquero de Talleres. (VyGB)

33 años más tarde, un veterano y calvo José E. Sosa le confesó al Diario Córdoba que fue el mach más importante de toda su carrera.

"La retribución que nos correspondió a cada player celeste por haberle ganado al tradicional rival Talleres fue de $100 y $5 por la diferencia de goles. O sea que me tocaron $105, una fortuna en esa época. Y me vino muy bien para mis preparativos de casamiento, pues estaba ahorrando firme".

Aquel campeonato significó entonces una alegría doble para Sosa. Por un lado, alcanzar la gloria deportiva. Y, por el otro, el premio monetario para solventar su boda.
José E. Sosa (el esposo)

Eran épocas donde se afirma que al fútbol se jugaba con mayor libertad, sin órdenes estrictas en la cancha. Todo lo contrario al amor, donde para jugar sin tapujos con el sexo opuesto, uno primero debía casarse. No sea cosa que “el qué dirán”...

La ceremonia se celebró en una modesta capilla de Alberdi, donde el back derecho vestido de novio pudo cumplir con su anhelo. 
Al comenzar, el cura les dio un sermón y la bendición. Después Sosa le colocó el anillo a su amada, sintiéndose enamorado. Ella hizo lo mismo con él, en nada menos que en la sagrada mano que nos valió el título de 1935. 

Recién allí pudieron besarse, mientras los invitados aplaudían y coreaban "Dale campeón, dale campeón", incontenibles, lanzando arroz al aire en el epílogo de la misa.