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Inolvidable año aquel 1991. Nos volvíamos a ver las caras con Talleres, ahora por los puntos.
Estábamos recién ascendidos, y no hacíamos pie. Muy cerca de los últimos puestos.
Ellos estaban segundos, detrás de River, que sería el campeón. Y lo más importante, estaban invictos.
No nos ganaban desde 1982, y siempre le restaban importancia a los partidos amistosos y de Neder Nicola, que en el fondo dolían. “Ya van a ver cuando los agarremos por los puntos”, amenazaban.
Había mucha expectativa, quizás como nunca.
El programa de Motta, pasaba todas las fechas los goles de Talleres al ritmo del Giro Giro de Chébere. Y para esa noche los habían contratado para que cantaran en vivo en el estudio. Lo tuvieron que cantar igual, pero mostrando los goles nuestros.
Fue tremendo el baile que les pegamos. No lo podían creer. Alguno de nosotros tampoco.
27 de Octubre, llovía desde temprano. Había un globo aerostático, con banderas de los dos clubes.
Eduardo Luján Manera, técnico de Talleres, había dicho que para él era un partido más. Grave error. Los clásicos se juegan con el cuchillo entre los dientes.
Fueron tres goles, pudieron ser muchos más. Muchos recuerdos, muchas sensaciones.
El Pampa regalando la camiseta a la tribuna, y el corazón también.
El tucumano Olalla le metió un caño a Coloccini (padre), lo esperó y le metió otro. Dos tunas en menos de diez segundos. Increíble.
Disfruten las imágenes, los goles, la camiseta número 8 de la figura de la tarde, Victor Heredia. La inolvidable Topper, la que nunca perdió un clásico.



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