domingo, 27 de marzo de 2016

El Tito y la Chiva: obreros dentro y fuera de la cancha

“El fútbol sigue siendo uno solo, aquí ya todo está descubierto, lo que pasa es que hay distintas modalidades”. Froilán Altamirano, 1986.

Cuellar y Altamirano, celebran un aniversario del Club.

Por Pablo Iván

Y sí, es evidente que el fútbol sigue siendo el mismo deporte de once contra once, dos arcos, una pelota, 90 minutos, un conjunto de reglas y un referí. Pero a la vez claro está que, más allá de eso, el mismo ha experimentado notables cambios a lo largo de su historia, desde que lo trajeron los ingleses.

En los inicios del siglo XX, llegó a Argentina con un espíritu amateur, practicado con fines recreativos, higiénicos y atléticos. Luego se produjo el nacimiento de los clubes, su consolidación como espacios sociales y el jugar “por la camiseta” durante unos 20 años. 

Después la aparición de los hinchas, la construcción de estadios y el denominado “marronismo”, cuando los dirigentes comenzaron a tentar a las “estrellas” con viáticos o puestos de trabajo, a cambio de más entrenamiento y mayor disciplina. Proceso que fue decantando en el surgimiento del profesionalismo, hacia 1932, y con ello los contratos, las transferencias de jugadores, el espectáculo y sus negocios.

En el caso de Córdoba, hubo grandes figuras que, además de jugar, trabajaron en otras funciones y lugares, al menos hasta entrados los años 70. Por citar sólo ejemplos en Belgrano: Miguel Laciar en el Banco Nación, Mingo Ceballe en la Universidad, el Negro Garay en el Registro Civil. Hoy nos explayaremos sobre dos casos de históricos referentes del Celeste: Tomás Rodolfo “El Tito" Cuellar y Froilán “La Chiva” Altamirano.

Altamirano planchando en el Clínicas.


La Chiva es un prócer indiscutido. Adentro de la cancha, lo definieron como “un patrón siendo obrero”. Jugó en todos los puestos en que le pidieron, con el overol siempre calzado para la causa Belgrano, desde 1959 y durante 13 temporadas.

Desde el comienzo, su vida fue la de alguien que "la lucha" de sol a sol. Según el libro “Acarreando Recuerdos” del Gordo Oviedo, su pase costó 50 bolsas de porlan. Eso, que hoy puede sonarle ridículo al lector, es lo que pidió este jugador para ponerse la celeste. Ello a razón de que se encontraba construyendo su humilde casa en Malagueño, casualmente donde están las cementeras de Córdoba.

En el '59 se vino a patear a Alberdi, donde le consiguieron un puesto en el Hospital Nacional de Clínicas, que le asegurara cada mes un sueldo fijo y digno. Allí permaneció durante casi tres décadas, llegando a ser jefe de sección y a cargo de la lavandería; hasta su inesperada muerte en 1987, cuando tenía apenas 50 años.

La Chiva en plena jornada.

En 1986, le declaró a la revista Los Celestes: “sigo levantándome todos los días a las 5 de la mañana. Laburo mucho, como se podrán dar cuenta, pero estoy bien, muy bien te diría. En el Clínicas acabo de cumplir 27 años de servicio, lo que es un gran honor para mí. Fijate que en ningún momento dejé este trabajo, incluso cuando entrenábamos duro con Belgrano, especialmente en la época de los Nacionales”.

Se sabe que el CAB, de la mano de los PF Díaz Otañez y Corvalán, marcó un cambio para el fútbol cordobés en 1968. Con ellos se empezó a hacer pretemporada y entrenamientos diarios, incluso doble turno. También fue novedosa la implementación de las “concentraciones” antes de los partidos, modificaciones que se corresponden más con la actual época.

Primero en la oficina. Después a entrenar.

Belgrano y Cuellar forman una simbiosis perpetua. Pero antes de incursionar en el fútbol, Tito jugaba al básquet en el Club Matienzo. Allí de hecho conoció a Susana, su esposa. A diferencia de la mayoría de los empleados, que entra a EPEC por vínculo familiar, Tito logró su ingreso a través del baloncesto, según cuenta Susana.

Allá por 1962, fecha en la que consiguió este empleo, a Cuellar lo pretendían para que jugara en Unión Eléctrica, del Sindicato de Luz y Fuerza. Así como la Chiva puso 50 bolsas de cemento como condición, Tito solicitó que le dieran un puesto de trabajo, y así se dio. Con ese equipo jugaría entre 1964 y 1966.  En lo laboral, sería jefe de División de Adjudicaciones.

En ese entonces, Cuellar ya estaba fichado por Belgrano, donde debutaría al año siguiente para hacer una carrera extraordinaria donde consiguió 12 títulos más uno como entrenador. Esta exitosa trayectoria no hubiese sido posible de no ser porque en EPEC siempre apoyaron a Tito, con licencias especiales para que éste pudiera viajar y defender la celeste por todo el país. Eso sí: los lunes tempranito, así estuviera molido por los moretones del partido, se levantaba e iba a laburar.

Tito marcando tarjeta a las 6:30 am.

Desde entonces, y hasta 1998 cuando aceptó el retiro voluntario, Cuellar cumplió con tareas administrativas en la empresa que provee electricidad.  Luego obtendría su jubilación en el 2001, de la que gozaría hasta el 2007, cuando a los 65 años perdió un cotejo clave ante la invencible muerte. En el camino queda la valiosa anécdota ya contada en los medios, cuando ayudó a Agustín Tosco a escapar del control militar; siempre al servicio de sus compañeros, de la lucha y de la dignidad.

Más allá de compartir planteles, La Chiva y el Tito fueron grandes amigos. Altamirano rememora en 1986: “Las concentraciones de aquel equipo eran fantásticas. Por ejemplo, recuerdo que siempre nos disfrazábamos con el Tito Cuellar de gaucho y de paisana, para bailar alguna cosa folclórica. Los demás se mataban de risa”.

Tal vez sea una anécdota impensada en los tiempos que corren; como así también que un futbolista, además de jugar al fútbol, dedique varias horas de su vida a otra actividad. En la actualidad, se entrena dos horas por día y los sueldos de los profesionales bastan como para “salvarse” para toda la existencia, tras el retiro. Y, salvo contadas excepciones, no realizan otro tipo de acciones como estudiar, trabajar o desarrollar algún hobby. Sin embargo, hasta no hace muchos años – en la generación de nuestros viejos-, eso era muy distinto y aquí lo reflejamos.

Cuellar y sus años de antigüedad 

Son tan sólo dos casos de trabajadores de aquella Córdoba obrera de los '60 y '70, que tuvieron mucho en común. Ambos resultaron ídolos eternos de Belgrano, con excelsas carreras en las que superaron los 300 partidos. Ambos fueron figuras entrañables de los grandes equipos del ’68 y el ’71. Los dos fueron directores técnicos de la "B". Nuestros vestuarios llevan sus nombres. Y ambos fueron hombres de familia y sacrificados laburantes, que dejaban todo por la camiseta, dentro y fuera de la cancha.

No en vano gracias a ellos nació el dicho “A  Lo Belgrano”. Sin ustedes, par de inolvidables, siquiera existiría el nombre de este blog. Por eso nos tomamos el trabajo, en este domingo de descanso, de dedicarles este merecido posteo. Son los mejores empleados, no del mes, ni del año; sepan, son los mejores desde 1905.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente el artículo y el blog. Muy buen material... La verdad son dos leyendas dignas de difundir entre los más jóvenes. Buen trabajo!

Anónimo dijo...

dos verdaderos grandes!!! gracias por recordarlos, abrazo pirata Luis