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domingo, 27 de marzo de 2016

El Tito y la Chiva: obreros dentro y fuera de la cancha

“El fútbol sigue siendo uno solo, aquí ya todo está descubierto, lo que pasa es que hay distintas modalidades”. Froilán Altamirano, 1986.

Cuellar y Altamirano, celebran un aniversario del Club.

Por Pablo Iván

Y sí, es evidente que el fútbol sigue siendo el mismo deporte de once contra once, dos arcos, una pelota, 90 minutos, un conjunto de reglas y un referí. Pero a la vez claro está que, más allá de eso, el mismo ha experimentado notables cambios a lo largo de su historia, desde que lo trajeron los ingleses.

En los inicios del siglo XX, llegó a Argentina con un espíritu amateur, practicado con fines recreativos, higiénicos y atléticos. Luego se produjo el nacimiento de los clubes, su consolidación como espacios sociales y el jugar “por la camiseta” durante unos 20 años. 

Después la aparición de los hinchas, la construcción de estadios y el denominado “marronismo”, cuando los dirigentes comenzaron a tentar a las “estrellas” con viáticos o puestos de trabajo, a cambio de más entrenamiento y mayor disciplina. Proceso que fue decantando en el surgimiento del profesionalismo, hacia 1932, y con ello los contratos, las transferencias de jugadores, el espectáculo y sus negocios.

En el caso de Córdoba, hubo grandes figuras que, además de jugar, trabajaron en otras funciones y lugares, al menos hasta entrados los años 70. Por citar sólo ejemplos en Belgrano: Miguel Laciar en el Banco Nación, Mingo Ceballe en la Universidad, el Negro Garay en el Registro Civil. Hoy nos explayaremos sobre dos casos de históricos referentes del Celeste: Tomás Rodolfo “El Tito" Cuellar y Froilán “La Chiva” Altamirano.

Altamirano planchando en el Clínicas.


La Chiva es un prócer indiscutido. Adentro de la cancha, lo definieron como “un patrón siendo obrero”. Jugó en todos los puestos en que le pidieron, con el overol siempre calzado para la causa Belgrano, desde 1959 y durante 13 temporadas.

Desde el comienzo, su vida fue la de alguien que "la lucha" de sol a sol. Según el libro “Acarreando Recuerdos” del Gordo Oviedo, su pase costó 50 bolsas de porlan. Eso, que hoy puede sonarle ridículo al lector, es lo que pidió este jugador para ponerse la celeste. Ello a razón de que se encontraba construyendo su humilde casa en Malagueño, casualmente donde están las cementeras de Córdoba.

En el '59 se vino a patear a Alberdi, donde le consiguieron un puesto en el Hospital Nacional de Clínicas, que le asegurara cada mes un sueldo fijo y digno. Allí permaneció durante casi tres décadas, llegando a ser jefe de sección y a cargo de la lavandería; hasta su inesperada muerte en 1987, cuando tenía apenas 50 años.

La Chiva en plena jornada.

En 1986, le declaró a la revista Los Celestes: “sigo levantándome todos los días a las 5 de la mañana. Laburo mucho, como se podrán dar cuenta, pero estoy bien, muy bien te diría. En el Clínicas acabo de cumplir 27 años de servicio, lo que es un gran honor para mí. Fijate que en ningún momento dejé este trabajo, incluso cuando entrenábamos duro con Belgrano, especialmente en la época de los Nacionales”.

Se sabe que el CAB, de la mano de los PF Díaz Otañez y Corvalán, marcó un cambio para el fútbol cordobés en 1968. Con ellos se empezó a hacer pretemporada y entrenamientos diarios, incluso doble turno. También fue novedosa la implementación de las “concentraciones” antes de los partidos, modificaciones que se corresponden más con la actual época.

Primero en la oficina. Después a entrenar.

Belgrano y Cuellar forman una simbiosis perpetua. Pero antes de incursionar en el fútbol, Tito jugaba al básquet en el Club Matienzo. Allí de hecho conoció a Susana, su esposa. A diferencia de la mayoría de los empleados, que entra a EPEC por vínculo familiar, Tito logró su ingreso a través del baloncesto, según cuenta Susana.

Allá por 1962, fecha en la que consiguió este empleo, a Cuellar lo pretendían para que jugara en Unión Eléctrica, del Sindicato de Luz y Fuerza. Así como la Chiva puso 50 bolsas de cemento como condición, Tito solicitó que le dieran un puesto de trabajo, y así se dio. Con ese equipo jugaría entre 1964 y 1966.  En lo laboral, sería jefe de División de Adjudicaciones.

En ese entonces, Cuellar ya estaba fichado por Belgrano, donde debutaría al año siguiente para hacer una carrera extraordinaria donde consiguió 12 títulos más uno como entrenador. Esta exitosa trayectoria no hubiese sido posible de no ser porque en EPEC siempre apoyaron a Tito, con licencias especiales para que éste pudiera viajar y defender la celeste por todo el país. Eso sí: los lunes tempranito, así estuviera molido por los moretones del partido, se levantaba e iba a laburar.

Tito marcando tarjeta a las 6:30 am.

Desde entonces, y hasta 1998 cuando aceptó el retiro voluntario, Cuellar cumplió con tareas administrativas en la empresa que provee electricidad.  Luego obtendría su jubilación en el 2001, de la que gozaría hasta el 2007, cuando a los 65 años perdió un cotejo clave ante la invencible muerte. En el camino queda la valiosa anécdota ya contada en los medios, cuando ayudó a Agustín Tosco a escapar del control militar; siempre al servicio de sus compañeros, de la lucha y de la dignidad.

Más allá de compartir planteles, La Chiva y el Tito fueron grandes amigos. Altamirano rememora en 1986: “Las concentraciones de aquel equipo eran fantásticas. Por ejemplo, recuerdo que siempre nos disfrazábamos con el Tito Cuellar de gaucho y de paisana, para bailar alguna cosa folclórica. Los demás se mataban de risa”.

Tal vez sea una anécdota impensada en los tiempos que corren; como así también que un futbolista, además de jugar al fútbol, dedique varias horas de su vida a otra actividad. En la actualidad, se entrena dos horas por día y los sueldos de los profesionales bastan como para “salvarse” para toda la existencia, tras el retiro. Y, salvo contadas excepciones, no realizan otro tipo de acciones como estudiar, trabajar o desarrollar algún hobby. Sin embargo, hasta no hace muchos años – en la generación de nuestros viejos-, eso era muy distinto y aquí lo reflejamos.

Cuellar y sus años de antigüedad 

Son tan sólo dos casos de trabajadores de aquella Córdoba obrera de los '60 y '70, que tuvieron mucho en común. Ambos resultaron ídolos eternos de Belgrano, con excelsas carreras en las que superaron los 300 partidos. Ambos fueron figuras entrañables de los grandes equipos del ’68 y el ’71. Los dos fueron directores técnicos de la "B". Nuestros vestuarios llevan sus nombres. Y ambos fueron hombres de familia y sacrificados laburantes, que dejaban todo por la camiseta, dentro y fuera de la cancha.

No en vano gracias a ellos nació el dicho “A  Lo Belgrano”. Sin ustedes, par de inolvidables, siquiera existiría el nombre de este blog. Por eso nos tomamos el trabajo, en este domingo de descanso, de dedicarles este merecido posteo. Son los mejores empleados, no del mes, ni del año; sepan, son los mejores desde 1905.



miércoles, 9 de marzo de 2016

La final del '35: fiesta y boda en Alberdi

                                                                                   Por Pablo Iván

"Eran tiempos en que se desconocían los sistemas. Épocas del fútbol suelto y librado a la creación del jugador (...)  Años de fulgor en los cuales Belgrano y Talleres sentaban primacía sobre el resto. Definían campeonatos a granel y entre estas divisas clásicas se repartían los títulos(...) Entre los grandes acontecimientos que tuvieron como bandera a estas populares instituciones, hay uno que por su dramaticidad no se podrá olvidar. La final del año 1935". (Los Principios, 1968)

Tal como refiere la cita anterior, celestes y albiazules se enfrentaron numerosas veces para definir campeonatos, obteniendo a lo largo de la historia suertes dispares. En el caso del CAB, 11 de sus 58 títulos los obtuvo definiendo ante su máximo rival, uno incluido en la Boutique de B° Jardín (Enciclopedia Viejo y Glorioso Belgrano). 

En esta ocasión recuperamos la final de 1935, en la que Belgrano se consagró campeón del Oficial de LCF. Un certamen que parecía para Talleres hasta pocas semanas de finalizar y que se desvió para quedarse en las vitrinas de Alberdi. Tras empatar en la tabla de posiciones, el torneo se definió en un encuentro final.

El cotejo decisivo se iba a jugar el 17 de noviembre, pero a causa de una intensa lluvia se postergó para la semana siguiente, el domingo 24 en El Gigante. (Cambio de fecha que también influye en el destino de un resultado deportivo).

José E. Sosa (el novio)

El trámite que a continuación narraremos, tiene entre sus protagonistas destacados  a José Enrique Sosa, caudillo de la defensa pirata y capitán del equipo. Todo un referente de la década del ’30. Su incidencia ese día fue determinante, tanto en el juego como en su vida amorosa.

Las crónicas de la época dan cuenta que Belgrano arrancó dominando el primer tiempo. Sin embargo,  el visitante se puso en ventaja a los 37, con gol de Manzoli. Así se retiraron a los vestuarios. 

A los 13 del complemento, ocurrió una jugada clave en la vida de José E. Sosa y de nuestra Institución.  Un remate del delantero Manzoli dejó abatido al arquero Heredia. Era gol, en Arturo Orgaz al 500 o en la China. Allí apareció este defensor celeste, para atajar la pelota con la mano y así impedir el segundo tanto albiazul (a lo Turus vs. Instituto, en el 2008). 
Al referí no le quedó otra que cobrar penal.

La cosa se puso fulera. Hasta que un tal Castro, delantero de la “T”, se negó a patearlo. Pasaron los segundos, los players del rival dudaban. Finalmente tomó la responsabilidad un jugador llamado Dell’Acqua, que desde los 12 pasos la pateó a las nubes. Qué Alivio...
Foto de Enciclopedia Viejo y Glorioso Belgrano (Gustavo Farías)

Talleres se desmoralizó al instante, Belgrano fue a la carga barraca. El empate se veía venir, no podía tardar. El 1 a 1 llegó a los 29, por intermedio de Luque. Y tres minutos después, el mismo goleador embocó el 2 a 1 a favor de la “B”.  Parecía todo terminado, pero otra vez apareció Manzoli y colocó el 2 a 2 con que concluyó el tiempo reglamentario. 

Se jugaron 30 minutos de suplementario. Los guasos estaban extenuados. Daniel Viller la llevó por la derecha a lo guapo, con lo poco que le quedaba de aliento. Eludió a Ortiz y a Bertolino, enfrentó al arquero Albano y sacó un zapatazo con alma y vida que infló la red. ¡GOOOOOOL!, se vino el estadio abajo. 3 a 2 y una nueva vuelta olímpica.

           Albano, el arquero de Talleres. (VyGB)

33 años más tarde, un veterano y calvo José E. Sosa le confesó al Diario Córdoba que fue el mach más importante de toda su carrera.

"La retribución que nos correspondió a cada player celeste por haberle ganado al tradicional rival Talleres fue de $100 y $5 por la diferencia de goles. O sea que me tocaron $105, una fortuna en esa época. Y me vino muy bien para mis preparativos de casamiento, pues estaba ahorrando firme".

Aquel campeonato significó entonces una alegría doble para Sosa. Por un lado, alcanzar la gloria deportiva. Y, por el otro, el premio monetario para solventar su boda.
José E. Sosa (el esposo)

Eran épocas donde se afirma que al fútbol se jugaba con mayor libertad, sin órdenes estrictas en la cancha. Todo lo contrario al amor, donde para jugar sin tapujos con el sexo opuesto, uno primero debía casarse. No sea cosa que “el qué dirán”...

La ceremonia se celebró en una modesta capilla de Alberdi, donde el back derecho vestido de novio pudo cumplir con su anhelo. 
Al comenzar, el cura les dio un sermón y la bendición. Después Sosa le colocó el anillo a su amada, sintiéndose enamorado. Ella hizo lo mismo con él, en nada menos que en la sagrada mano que nos valió el título de 1935. 

Recién allí pudieron besarse, mientras los invitados aplaudían y coreaban "Dale campeón, dale campeón", incontenibles, lanzando arroz al aire en el epílogo de la misa.





sábado, 27 de febrero de 2016

Quiero verte otra vez: el campeón de 1971.


por Pablo Iván

Han sido incontables las veces en que mi viejo me habló del famoso Belgrano de 1971. Para graficarlo, siempre repite que los hinchas vestían frac para ir a ver al equipo: jugaba tan bien, era tan dominante, que se podía ir a la cancha a disfrutar el partido, sin sufrir ni transpirar. Que cada fecha era como una gran ceremonia, digna de celebrarse.

Así se refiere la enciclopedia Viejo y  Glorioso Belgrano, de Gustavo Farías, cuando menciona a esta escuadra celeste:
“El equipo del ’71 es el preferido entre los veteranos, a la hora de intentar hacer un listado de los mejores equipos que pasaron por barrio Alberdi. Y no sólo eso: también podría estar en cualquier clasificador de las mejores expresiones futbolísticas que haya dado la provincia. Es que al Belgrano del ’71 no sólo lo sostuvieron los números (campeón en el torneo local y quinto en el Nacional), sino que contó con una camada de jugadores de indiscutida jerarquía obsesionada con el arco rival: anotó 91 goles en 43 partidos, a un promedio de más de dos goles por partido".

Las fotos que exponemos son de la desaparecida revista ESTADIO, y corresponden al partido en que Belgrano se consagró campeón de Córdoba, sumando su campeonato oficial N°23. 

Una final que definió mano a mano con Racing de Nueva Italia, la tarde del 21 de noviembre de 1971, en la Boutique de B° Jardín. Final que fue por demás accidentada, con hechos que a continuación rememoramos.

El Celeste fue dueño del partido desde el arranque. A los 5, Miguel Laciar abrió para Juan Carlos Heredia, éste se la devolvió, y el 10 marcó el 1  a 0. Y apenas  a los 30 segundos del segundo tiempo, otra vez el “Pato” de Río Cuarto sería la llave para marcar el 2 a 0 de cabeza.  

Pero tres minutos más tarde, sobrevino una ola de violencia que decantó en la suspensión del cotejo. Tras  la expulsión de un hombre de Racing y un forcejeo entre varios jugadores, se sucedió una inesperada represión policial. Otra prueba de que, si bien los hechos violentos se incrementaron con el paso de los años,  en el fútbol argentino se registran desde antaño. 

Narra la revista ESTADIO: “Las fuerzas policiales descargaron su ira con cartuchos y de pronto todo se tiño de drama, de absurdo castigo a la naturaleza humana.(…) Después todo el desorden: el gas, las piedras, los contusos y heridos. La representación amarga de lo que puede ser el desenfreno, la escasa prudencia con que se maneja lo que algunos ilusos queremos llamar todavía espectáculos deportivos”.

Con posterioridad, la Liga Cordobesa lanzó un comunicado duro, responsabilizando exclusivamente al Cuerpo de Seguridad de la Policía de Córdoba. Y determinó completar el partido el 24/11/71 en la misma cancha, pero esta vez sin público.

Reinaldi intenta calmar a los policías en medio del conflicto.

Los gases lacrimógenos desalojan por la fuerza a la concurrencia.

Tres días más tarde, en un estadio vacío, donde “escasos hinchas, que rompieron controles lograron subirse a las tribunas”, el Pirata dio la ansiada vuelta olímpica.  El trámite no varió, y Belgrano le propinó una goleada de 4 a 0 a su rival de turno.

La máquina ofensiva de la “Milonguita” selló el 3 a 0: “Sucedió  a los dos minutos de juego, cuando Heredia enganchó una pelota picando hacia adentro, levantándola por sobre las marcas de Gardiol y Castro, hasta enfrentar a Trucchia y colocarla en las mallas, sin que el arquero alcanzara a mover los brazos”.

El cuarto tanto llegó como broche de oro, desde las crinas doradas al viento de la “Pepona”: “¿Cuál es la duda? Suponemos que nadie puede tenerla por lo visto en los 42 minutos que restaban. Un Belgrano, con el gol exacto de Heredia, el remate final de Reinaldi para el segundo tanto, dejaron sentada una superioridad innegable, que a fuerza de ser repetida corre el riesgo de convertirse en una agobiante muletilla”.

La cámara toma el instante frágil y maravilloso del pitazo final, cuando el árbitro anuncia que la contienda ha terminado.  El brinco de las piernas que se desprenden del pasto, los puños apuntando al cielo, las corridas de hombres estremecidos con lágrimas embarradas que no tardan en caer, mientras los pocos testigos ensayan el “¡Dale campeón, dale campeón…!”, para ofrendarle a un equipo que acaba de adjudicarse un título ganando por goleada.

Escribe el fallecido periodista Nito Neder, para revista ESTADIO: “Establecidas las razones globales de la victoria celeste, quedan otros rasgos, otros signos de tanta pasión desatadas en un vestuario de multitud, con gritos alegres, con abrazos sin memoria, con la dulce embriaguez de la conquista. Esos cantos, aquellos gritos fueron tiñendo de celeste la tarde de Barrio Jardín”.

Tras la conquista del campeonato local, Belgrano desplegó su potencial en el Nacional de 1971, donde finalizó quinto, producto de 9 triunfos, 3 empates y 2 derrotas. Ese año el torneo se dividió en dos zonas de 14 equipos cada una, en la que los dos primeros clasificaban a semifinales. La “B” finalizó tercero en su grupo, “detrás de Newell’s e Independiente, ante quien sufrió una derrota clave por 1 a 0, en un partido definido por un polémico penal del “Tito” Cuellar a José Pedernera” (VyGB).

Han pasado 35 años y, a la distancia, los hinchas más experimentados siguen recordando a este grandioso equipo en los bares de la ciudad. Cierran los ojos y se ven todavía allí, parados en los escalones de cemento, vestidos de frac, siendo testigos privilegiados de jugadas inolvidables. 

Mezclados entre ellos, estamos lo más jóvenes.  Los que no contamos con una filmación para juzgar, ni lo hemos observado desde la tribuna. Pero que, así y todo, hurgamos registros, vamos por las calles preguntando, nos transportamos a otras épocas para compartirlas en el presente. 

Nadie jamás podrá arrebatarnos la fantasía que sentimos al ver estas imágenes. Allí también estamos nosotros, metidos adentro de la escena. Invadiendo el campo de juego, para llevar a nuestros jugadores en andas y cantarles a grito pelado “No te vayas campeón…., quiero verte otra vez…”. Una y otra vez,  hasta el bendito día en que se quede afónica toda esta locura.






miércoles, 20 de marzo de 2013

mística

Ríos, Peppino, Vicente, Bolatti y la sabiduría de Artime

a ver chicos, dejenmé que les explique un poco de qué se trata esto...

lunes, 11 de marzo de 2013

túnel del tiempo

Germán Ricardo Martellotto y José Omar Reinaldi
el tato y la pepona.
alberdi.
Nacional 1984.
Camiseta Adidas.

jueves, 28 de febrero de 2013

y dale con colón

julio césar villagra al encuentro de sus compañeros

Otro gol de la Chacha Villagra. Otro recuerdo imborrable. Para seguir con la línea, otra vez a Colón, en el mismo Cementerio de los elefantes. Se van a cumplir 22 años en abril de este partido. Esa tarde nos dimos cuenta que el ascenso era por fin posible. Siempre nos costó Colón. Y más de visitante.

sombrero a perassi y gol de la chacha

Las imágenes del partido son gentileza de Gustavo Farías, a quien no me canso de agradecerle. Poder ver a la Chacha corriendo a abrazar a sus compañeros después de uno de sus últimos goles con la camiseta de Belgrano es impagable.


el beto fernández en las alturas

El video es largo pero tiene varias perlitas. El uruguayo Sosa errando un gol solo abajo del arco después de un desborde de Villagra. La pegada de zurda de Darío La Máquina Palacio. Lo que metía Marcelo Ávalos.

Para destacar, lo digo con envidia y no de la sana. Lo que era hace 20 años la cancha de Colón y lo que es ahora. La nuestra sigue casi igual, salvo por el codo de la dorada y los palcos. 


fernández y el gol

martes, 12 de febrero de 2013

otro ángulo

gielmetti, reyna, chiera, céliz, ramos. abajo, villita, blasón, scatolaro, maradona y vázquez.


Foto distinta a la que estamos acostumbrados a ver de la noche del diez. algún fotógrafo, creo que villalón, ubicado a un costado.

aporte de carlos, un nuevo lector del blog.

andrés fassi, un figuretti.

jueves, 2 de agosto de 2012

tu pirata cordobés


De vez en cuando aparecen. Sorpresivamente. Casi sin buscarlas. Caen desde el cielo. O un hincha de Talleres que conocés hace poco desliza al pasar: "yo era amigo de Sergio Castillo, tengo una camiseta que me regaló, pero no la uso por razones obvias... Es una Le Coq, la semana que viene la traigo para que la veas". Pensás que es una camiseta más, de las que ya viste miles. Hasta que la ves de cerca. Es una rareza. Distinta. Los tarados que coleccionamos nos damos cuenta al toque cuando estamos ante una pieza única. Pensás automáticamente que tenés una revista Match Deportivo donde viste una foto de algún partido donde fue usada. Y no ves las horas de llegar a tu casa para encontrarla. Y ahí está. Lo ves al uruguayo en la tapa. Investigás y Yamil te dice que sólo se usó dos partidos, contra Estudiantes y contra Instituto. Que contra Instituto el parche estaba pegado y se despegó de la mayoría de las camisetas durante el partido. Por eso la joya que tenés en tus manos tiene el parche pegado y encima cosido. Y en el libro de Gustavo Farías del Centenario también encontrás una foto de Sosa gambeteando un pincha en el mismo partido, y también hay fotos en La Voz y en La Mañana. Y empezás a recopilar todo esto para presentar este post y esta camiseta. Una más. Espero que sigan apareciendo.









Ahí está Sergio Castillo saludando con los brazos en alto. La camiseta que tiene puesta es la que ahora tengo en mi colección. 




El partido en el que fue usada esta camiseta, no fue uno más. Tenía una carga emotiva muy fuerte. Se jugó una semana después de la muerte de Rodrigo, el Potro Cordobés, confeso fanático de Belgrano, y al momento de producirse el accidente, se trataba del personaje más importante del país. Sin exagerar. Antes, durante y después del partido, se lo recordó con banderas, canciones, plaquetas para Telu, su tía, incluso el Luifa mostraba una remera abajo de la camiseta con su figura. La Revista Match Deportivo sacaba un poster y Artime aseguraba que el mismísimo Potro lo había ayudado a hacer el gol del triunfo. Creer o reventar.






domingo, 22 de julio de 2012

el vestuario de los sueños



El DT, Tomás Rodolfo Cuellar.
El 10, Diego Armando Maradona.
Colgada, la camiseta de Belgrano.
No lo soñé...

martes, 3 de julio de 2012

paredes 13

Entre el 2004 y el 2006, el colectivo Cultura Celeste realizó varias intervenciones artísticas en la ciudad, bajo el propósito de rescatar la identidad perdida en un tiempo difícil: la quiebra, el gerenciamiento, los magros resultados deportivos.

Esta pintada fue hecha por estos hinchas. La misma hace alusión a lo que se vivía en los días previos a nuestro centenario de vida. La pared elegida es en la calle Arturo Orgaz, a dos cuadras del Gigante de Alberdi.
Este grafitti urbano se realizó durante la madrugada del domingo 29 de agosto del 2004.
La fecha en la que se pintó no fue arbitraria; se eligió ese día y hora por una buena razón: en ese preciso momento se jugaba la final Argentina-Paraguay de fútbol en los Juegos olímpicos de Atenas 2004; por lo que resultaba ideal para pintar tranquilamente, dado que todo el mundo estaba encerrado viendo el partido.
Cuentan que a esa hora no había un alma en la calle; hasta la yuta estaba guardada en las comisarías para no perderse la coronación dorada de la selección nacional, por lo que se reducían notablemente las posibilidades de caer en cana.
El resultado, este hermoso mural: "100 años no bastan para amarte" 


  


viernes, 29 de junio de 2012

Chacha inmortal

Este blog de recuerdos se sube a un DeLorean imaginario que nos deposita en Alberdi en abril de 1982, con el conflicto de Malvinas instalado en boca de todos. Pero el fútbol no se detuvo durante la guerra, por lo que podemos espiar lo que pasaba en Belgrano en ese momento tan especial.
Las noticias no son buenas, no clasificamos para el Nacional que se está jugando en ese momento, y no tenemos competencia oficial por varios meses. Este parate sirve para barajar y dar de nuevo. El club vive una de sus peores crisis. Imaginen este escenario, Talleres, Instituto, Racing y Unión San Vicente representan a Córdoba en el Nacional y nosotros preparándonos para afrontar la Liga Cordobesa. Es por esto que no dejo de valorar el momento que estamos viviendo, por más que algunos sigan criticando algunos aspectos menores en vez de disfrutar este presente. El club se encuentra endeudado y los dirigentes deciden apostar a un plantel con jugadores del medio local e inferiores. El técnico encargado de reclutar estos valores es ni más ni menos que Hipólito Arraigada. El Pucho. Que durante meses se pasa viendo jugadores que serán la base de un Belgrano que peldaño a peldaño iría escalando posiciones a través de los años para llegar a Primera.
Entre los jugadores que llegan, aparece, proveniente de Villa El Libertador, un flaquito de rulos, terriblemente tímido, que hace estragos por derecha con la pelota y con los nervios de sus marcadores. Se llama Julio César, pero semejante nombre imperial es reemplazado por el familiar "Chacha", o también "Arañita", como le dicen al principio por su parecido con Luis Antonio "La Araña" Amuchástegui, que la rompe en la Academia Cordobesa.
La cuestión es que Julio César Villagra empieza a llamar la atención por sus actuaciones en las prácticas y de a poco se va haciendo un lugar en ese plantel que se prepara para debutar en la Liga recién en Julio.
Su primera aparición con la camiseta celeste se remonta al 25 de abril de 1982, cuando en un amistoso ingresaba a los 85 minutos por un tal Martínez. Durante esos cinco o seis minutos nadie podría imaginar que se estaba gestando una leyenda, y que dos décadas después el Estadio donde hacía sus primeras gambetas adoptaría su nombre.
Una semana después, el 5 de Junio, Villagra jugaría su primer partido como titular, en un triunfo por un gol ante una formación alternativa de Racing de Córdoba en un partido amistoso jugado en el Chateau para recaudar plata para el Fondo Patriótico que supuestamente aliviaría la estadía de nuestros soldados en Malvinas.
Al otro día también jugaría en Alberdi ante un combinado de Barrio Guemes, una mezcla de jugadores de Bella Vista, All Boys y Bolivar.
Su debut en la red se daría el 12 de Junio ante Argentino Peñarol, que también se preparaba para el Torneo de La Liga. Metió el primero de cuatro goles, en un partido donde el Pirucho Leiva marcaría otros dos.
Cuatro partidos amistosos más lo verían entre el once que salía a la cancha, uno contra Unión de Santa Fe, una derrota ante Talleres, que sería la última en casi quince años, y dos partidos de Neder Nicola.
Hasta que por fin llegaría el día del primer partido Oficial de La Chacha Villagra con la camiseta de Belgrano. La 1° Fecha del Torneo "Soberanía Nacional" contra Alianza San Martín de visitante jugado el 18 de Julio de 1982. Este equipo era una alianza deportiva entre Peñarol y Huracán de Barrio La France. El partido se jugó en la cancha de Los Luminosos. El resultado fue un empate en un gol. Pero significó el primer gol oficial de la Chachita, y como no podría ser de otra manera, llegó bien "a lo Belgrano", a los 89 minutos de juego, y fue gritado como un desahogo en forma agónica por la gente que acompañó en gran número según La Voz.


Por la foto vemos el momento del gol, pero no la imagen de la Chacha todavía, faltaría para ese momento. Lo que podemos compartir también es la descripción de ese instante único:


La síntesis del partido para los nostálgicos:


Pero faltaba la foto de la Chacha, la imagen que inmortalizaría a un pibe que nadie imaginaba la historia que tendría por delante. El costado trágico y heróico de su figura nacía en esos días y La Voz del Interior lo retrataba para que nosotros lo rescatáramos 30 años depués. En la cancha que ahora lleva su nombre, le convertiría un golazo tras un sombrero a Javier Pereyra, arquero de Argentino Flores, en un triunfo por dos a uno. El gol restante sería obra de "El Suela" Ramonda. El preciso momento en que Villagra puntea la pelota por sobre el arquero:


El grito inmortal de la leyenda que nacía:


El post se hizo un poco largo, pero espero que lo hayan disfrutado los que aguantaron leer hasta acá. Estoy seguro que a los más grandes se les van a venir un montón de nombres y recuerdos a la cabeza. Cabe aclarar que todos estos datos son míos. Prometo compararlos con el increíble trabajo que está haciendo la gente de Cultura Arte Belgrano, recopilando en fichas todos los partidos que jugó el celeste en su historia. Debería haber hecho esto antes del post, pero ya me largué y lo comparto como está. Si existe algún error lo publicaré.
Se siente, se siente, La Chacha está presente...